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Antiguamente, los seres humanos acostumbraban respetar los ritmos naturales y los ciclos de la Tierra. Habían observado que todo en la Naturaleza nace, crece, decae y se renueva y sabían que estas mismas leyes rigen en todos los órdenes de la manifestación universal.
El complejo baile que realiza nuestro Planeta con los demás cuerpos celestes, fue para ellos, desde el principio, fuente de asombro e inspiración.

Se dieron cuenta de que existían ciclos, que a su vez estaban incluídos dentro de ciclos mayores.
Entendieron que el Sol, la Luna y las Estrellas realizaban movimientos cíclicos y repetidos, que les proporcionaron un sentido de confianza en el Orden Natural. Se sentían inmersos en un Universo inteligente y vivo, que gobernaba y regulaba toda su existencia.
Tomaban muy en cuenta estos ritmos, pues sabían que de ellos dependía su vida y su sustento. Comprendían también que estaban inmersos en un ciclo mayor que abarca el de la existencia completa de la Humanidad.

En una palabra, ellos no percibían el Tiempo de manera lineal como lo hacemos nosotros.
Quizás nos haya llegado el momento de comenzar a ampliar nuestra visión; quizás debamos considerar una teoría alternativa sobre el desarrollo de la Humanidad: es el hecho de que nuestra historia no ha seguido una progresión lineal, sino que ha avanzado en ciclos.
Tanto en la cultura Griega como entre los Vedas de la India, se encuentra la concepción del tiempo circular o cíclico, que algunas veces es simbolizado por el Uroboro o serpiente que caza su propia cola.

Se representa al Universo atravesando grandes períodos de renacimiento, crecimiento, declive y destrucción para comenzar el ciclo nuevamente.
Este nuevo paradigma sería consistente con la interpretación de los hallazgos arqueológicos de antiguas civilizaciones. Difícilmente pase un mes sin noticias del hallazgo de alguna antigua estructura o de un complejo artefacto astronómico, o de los restos de alguna civilización desarrollada.
Es el caso del llamado Disco de Nebra encontrado cerca del pueblo de Goseck, en Alemania. Se trata de un disco con ornamentos de oro, perteneciente a la Edad de Bronce, con información de carácter astronómico que aún no ha podido ser totalmente descifrada.
Se cree que en la zona se hallaba situado el que podría ser uno de los más antiguos observatorios astronómicos de Europa.

Los descubrimientos realizados en la Mesopotamia, Europa, América Central y del Sur y Asia empujan hacia atrás en el tiempo la época de avanzado desarrollo humano. Los hallazgos realizados demuestran que, en términos generales, el hombre antiguo era más capaz y civilizado hace 5000 años, que hace 1000 años
De acuerdo con la teoría de la progresión cíclica del desarrollo humano, la inteligencia del hombre habría avanzado hasta alcanzar un pico máximo de desarrollo y luego, a lo largo de las eras, habría decrecido hasta llegar a su punto más bajo, para comenzar nuevamente el ascenso.
Los indígenas de las Américas, representaban al tiempo como un aro o un círculo: lo veían como un Ciclo de cuatro etapas, al igual que las Estaciones del año. Cada etapa era la preparación para la siguiente. Y en el centro del círculo, una quietud sin tiempo. Es el eterno presente alrededor del cual el círculo se mueve.

Es en este contexto que deberíamos analizar el 21 de Diciembre del 2012, fecha en que, para los Mayas, terminaba el ciclo que comenzara el 13 de Agosto de 3113 A. C.
Así que si Usted es de los que se preguntan qué va a pasar el 21 de Diciembre del 2012, esta fecha no marcaría el fin de los tiempos, pues como establece Víctor Von Hagen en “El mundo de los Mayas” para éstos, el tiempo “no tiene principio y la eternidad es un instante siempre actual”. Simplemente marcaría el final de una era y por consiguiente el Nacimiento de una Era diferente.
Por otra parte, en Occidente el tiempo es mirado de otra forma: tenemos un pasado, un presente y un futuro; un inicio, un desarrollo y un final. En lugar de representarlo como un círculo, lo deberíamos representar como una vara.
Los pueblos antiguos habían descubierto que así como el planeta Tierra tenía un año con cuatro estaciones que afectaban toda la vida, también existía otro ciclo mayor en el que estaba involucrado, un período muy largo en el cual experimentaba una especie de metamorfosis, pasando de una era de menor conocimiento a una era de luz y de nuevo comenzaba el recorrido a la inversa.
Este ciclo era provocado por el lento movimiento de todo el Sistema Solar a través del espacio- llamado Precesión de los Equinoccios, que tiene una duración de aproximadamente 26.000 años, en el que éste describe una gran órbita alrededor de una estrella.

Esto sometería a la Tierra y a los demás Planetas a campos estelares crecientes y menguantes, debido a que las estrellas son enormes generadores de energía electromagnética. El fenómeno produce efectos que afectan en gran escala la vida y la conciencia de los seres y que habría provocado crecimientos y declives en las Eras a lo largo de grandes períodos de tiempo.
Un libro llamado “The Holy Science”, escrito en 1894 por Swami Sri Yukteswar trata de manera muy profunda este tema.

El explicaba que así como el ciclo del día y de la noche es causado por un movimiento celestial – la Tierra girando alrededor de su propio eje- , y el ciclo de las estaciones es causado por la Tierra orbitando el Sol, así el Ciclo de las Yugas –es causado también por otro movimiento celestial: es el desplazamiento de todo el Sistema Solar alrededor de un punto en el espacio llamado el “Gran Centro”, el cual es el asiento del Poder Creativo o “Brahma,” el cual regula la virtud mental del mundo interior.
El sostenía que era la proximidad de la Tierra a este Gran Centro lo que determinaba en qué estación o Yuga se encontraba la Humanidad
Los Vedas de la India lo bautizaron el ciclo de las Yugas. Sostenían que además del año con las 4 estaciones, la Tierra experimentaba las consecuencias de un Gran Año, un período muy largo de tiempo en el cual se vivía una especie de metamorfosis, pasando de una Edad Oscura hasta llegar a una Era Dorada, y luego comenzaba el declive nuevamente.
Los pueblos antiguos dividían el Gran Año en dos etapas, aproximadamente 12000 años de ascenso, período en el cual las cosas mejoraban y 12000 años de descenso en el que las cosas empeoraban.

Satya Yuga o Edad de Oro, Treta Yuga o Edad de Plata, Dwapara Yuga o Edad de Bronce y la edad de mayor oscuridad o retroceso, la Kali Yuga o Edad de Hierro.
En esta última, el hombre perdió todo el conocimiento adquirido y hasta olvidó la noción de que la Tierra rotaba y giraba alrededor del Sol y llegó a creer que la Tierra era plana y que era el Sol el que giraba a su alrededor.

Fuentes: Walter Cruttenden
Graham Hancock - “The Fingerprint of the Gods”
Roderick Marling – “La conexión astronómica”
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