Los Aztecas


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Tenochtitlan

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Entrada en Tenochtitlan


“El fuego sagrado de los Teocallis que brillaba imperceptiblemente a través del color gris opaco de la niebla matinal, era el único indicio de vida en la capital. Lentamente, la luz del sol que emergía tras las cimas de las montañas orientales, comenzó a iluminar los majestuosos templos, los grandiosos palacios, y las torres que se mostraban en todo su esplendor, ante la asombrada mirada de Hernán Cortés y sus hombres.

Era el 8 de Noviembre de 1519, fecha notable en la Historia, pues aquel día los europeos pisaron por  primera vez una ciudad desconocida hasta entonces por el mundo occidental”

Así describió en el siglo XIX  W.H. Prescott el momento en que Cortés, acompañado por 400 hombres, divisó por primera vez la capital del Imperio Azteca.

Los españoles habían esperado ver chozas rudimentarias, y habían creído que tendrían que enfrentar a tribus aisladas, pero lo que se desplegaba ante sus asombrados ojos, era la magnificencia de las construcciones y la organización y el orden de un Imperio.

Imperio Azteca

Cuando las tropas de Cortés hubieron franqueado el dique que unía la tierra con la ciudad insular y pasado un gran puente levadizo, vino a su encuentro un cortejo de personas ricamente  ataviadas. Detrás de tres altos funcionarios con bastones dorados en las manos, unos nobles ricamente ataviados, llevaban a hombros un palanquín de oro, cuyo palio estaba confeccionado con plumas de vivos colores;  estaba cuajado de  piedras  preciosas   y  estaba adornado  con brocados de plata.

Tribu Azteca

El cortejo se detuvo, y del palanquín descendió un hombre alto y de tez pálida, cabellos negros, lacios y no muy largos. Iba cubierto con un gran manto recamado de piedras preciosas, y calzaba sandalias hechas con finísimas trenzas de oro. Apoyándose en los brazos de dos nobles, se aproximó, mientras los sirvientes iban desplegando alfombras para que sus pies no tocaran el suelo.

Hernán  Cortés descendió de su caballo y apoyándose en dos de sus hombres fue al encuentro del emperador”

Codex Tlaxcala

Así se encontraron por primera vez Hernán Cortés y Moctezuma II, emperador de los aztecas.

Al año escaso de aquel primer encuentro, el emperador Moctezuma había muerto, y también un año después, aquella espléndida  ciudad había sido destruida.

En palabras del historiador Spengler: “aquella cultura nos da el ejemplo de la muerte violenta de una civilización;  no degeneró paulatinamente, no fue oprimida ni obstaculizada, sino cercenada en el esplendor de su florecimiento, segada en flor, como el girasol que un transeúnte decapita de un manotazo”

Moctezuma II

Los españoles no lograron entender que se enfrentaban a una sociedad con un entretejido bien organizado, no lograron apreciar las profundas nociones que tenían los aztecas sobre Arquitectura  y  Matemáticas, ni los asombrosos conocimientos de sus sacerdotes sobre Astronomía.

No comprendieron que no estaban frente a salvajes, no entendieron que no luchaban con gente cuya religión consistía en ritos primitivos y fáciles de cambiar, que practicaban una  adoración bárbara de los fenómenos de la Naturaleza y de los espíritus, sino que se hallaban ante una religión culta que, aunque en su conjunto fuese politeísta, manifestaba tendencias monoteístas en sus dos dioses principales:  Huitzilopochtli y Quetzalcoatl, de gran influencia sobre toda la cultura por sus estrechas relaciones con el llamado Arte del calendario que todo lo regulaba.

Calendario Azteca

Esta influencia de la religión en la vida de los pueblos sólo se había dado hasta el momento en las religiones más desarrolladas.

Se sintieron al mismo tiempo fascinados y horrorizados por lo que  encontraron en el, para ellos, “Nuevo Mundo”.  Entendieron que la religión indígena,  que incluía también sacrificios humanos era al mismo tiempo bárbara y satánica, por lo que procedieron a destruir todo lo que encontraron; así fue que quemaron bibliotecas enteras de coloridos libros escritos en cortezas de árbol.

Rituales Aztecas

Efectivamente, en la civilización azteca se daban considerables  valores  junto con prácticas horripilantes.

-C.W.Ceram: “Dioses, Tumbas y Sabios”

Similitudes entre las creencias religiosas, los rituales y la arquitectura en los dos Mundos.

Nada parece haber sorprendido más a los primeros aventureros españoles en México y Perú,  que la similitud entre las creencias religiosas, ritos y emblemas que encontraron en el “nuevo mundo,” con las del continente europeo.

Aventureros Españoles

La adoración de la cruz por parte de los nativos y su constante presencia en todos los edificios religiosos y en las ceremonias, fue el elemento principal de su desconcierto.

Y seguramente, en ninguna parte, ni aún en India o  Egipto, fue este símbolo tan profundamente venerado como entre las tribus primitivas del continente americano, mientras que el significado subyacente a su adoración era idéntico: en el oeste, como en el este, la cruz era el símbolo de la vida- algunas veces de la vida física y otras de la vida eterna.

En ambos hemisferios, la veneración del disco solar o círculo, y la de la serpiente, eran generalizadas, y sorprende más aún el parecido de la palabra utilizada para designar a Dios en el Este y en el Oeste. Comparemos el griego Theos, el  latín Deus, el celta Dia con el mexicano Teo o Zeo.

Serpiente emplumada


Los ritos bautismales eran practicados en casi todas las naciones. En Babilonia y Egipto los candidatos a ser iniciados en los Misterios eran bautizados primero. En Escandinavia se administraba el bautismo a los recién nacidos. En México y Perú se realizaba una solemne ceremonia en la que los niños eran bautizados con agua, se les realizaba la señal de la cruz y se hacían plegarias para el lavado de los pecados.

Además, en América Central y Perú, al igual que en el continente europeo se realizaba los rituales de la confesión, la absolución, del ayuno, y el matrimonio era celebrado por sacerdotes que unían las manos de los contrayentes.

Momia Azteca


Como los egipcios, ellos embalsamaban a sus muertos, adoraban al Sol, la Luna y los Planetas, pero sobre todo, adoraban a una deidad omnipresente, que conocía todas las cosas; era invisible, sin realidad corporal, era un Dios de absoluta perfección.

Ellos también tenían su diosa virgen-madre, cuyo hijo, “el Señor de la Luz” era llamado el Salvador, en perfecta concordancia con la historia de Isis  y otras diosas vírgenes del Este, con sus hijos divinos.

Sus ritos de veneración del sol y del fuego se semejaban claramente a los de los primeros Celtas de las Islas Británicas, y como éstos, sostenían que eran “hijos del sol”.

Pirámide de Kuculcan en México

En cuanto a la arquitectura religiosa, encontramos a los dos lados del Atlántico que una de las primeras construcciones de carácter sagrado fueron las pirámides.

Existen dudas acerca de para qué fueron construidas originalmente, pero una cosa es clara, y es que estaban conectadas con alguna idea religiosa o con algún grupo de ideas.

Pirámide de Sakkara - Egipto

La identidad del diseño de las pirámides de Egipto y las de México es demasiado notoria para ser una mera coincidencia. Es cierto que el mayor número de las pirámides de América son aplanadas en sus cimas, pero, muchas de las halladas en  México, tanto en Yucatán como  las que están en Palenque, son puntiagudas al mejor estilo egipcio, mientras que en Egipto encontramos algunas escalonadas y achatadas en la punta, como las de México.

Parecidas en cuanto a su orientación, en estructura, y también en sus galerías internas y cámaras, estos misteriosos monumentos hallados en el Este y el Oeste se mantienen como testigos de una fuente común,  de la que seguramente sus constructores tomaron los planos.

www.sacred-texts.com

Entre los aztecas,  existía una creencia en la naturaleza cíclica del tiempo y un terrible temor de que un día el mundo llegara a su fin. Creían que el sol, al que nutrían con sus sacrificios humanos, podría algún día dejar de brillar, cuando llegara el final del 5º. Sol

Parecería que los elementos para calcular la fecha del final del 5º. Sol, les fueron enseñados a los aztecas por el barbado Quetzalcoatl, que había llegado a México por el mar, desde el Este.

Según les informaron a los españoles, era un hombre de gran estatura, cabello largo y una gran barba blanca. Vestía una larga túnica blanca que le llegaba a los pies; era conocido como el dios de la paz. Cuando se le hablaba de guerras, solía taparse los oídos con las manos.

Quetzalcoatl - Codex Telleriano

De acuerdo con una tradición indígena, este instructor llegó del mar en un bote que navegaba sin remos. Les enseñó a utilizar el fuego para cocinar, a construir sus viviendas y a vivir en paz.

Llegó a ser el dios de la luz, de la enseñanza y de la cultura, era el gran organizador, el fundador de las ciudades, el creador de las leyes, el conocedor   de las fórmulas matemáticas y el maestro del calendario. Sus atributos parecen tan humanos, que hacen pensar en alguien real, cuyas obras fueron recordadas mucho después de su desaparición y que fue, finalmente, deificado.

De acuerdo con el cronista del siglo XVI Bernardino de Sahagun,  Quetzalcoatl fue un  agente civilizador que llegó a México acompañado por un grupo de extranjeros. El introdujo las artes al imperio y promovió especialmente la agricultura.

Quetzalcoatl

Enseñó a construir casas elegantes y espaciosas e inculcó un tipo de religión que predicaba la paz. Era el padre de las matemáticas, la metalurgia y la astronomía, y se decía que había sido quien había “medido la Tierra

Fue el fundador de la agricultura productiva y se decía que había descubierto e introducido en esas tierras el maíz, literalmente el dador de vida. El algodón crecía de varios colores sin necesidad de ser teñido. Era un gran médico y maestro de las medicinas, era el patrón de los sanadores y los adivinadores y enseñó a la gente a conocer las propiedades de las plantas.

Textos sobre agricultura productiva

Además, fue reverenciado como legislador, protector de los artesanos y patrón de todas las artes.

Como se podía  esperar de un individuo de cultura tan refinada, prohibió la práctica de los sacrificios rituales durante el período en que estuvo a cargo. Luego de su partida, dichos sacrificios humanos fueron retomados.

Pero, aún los Aztecas, que eran los más vehementes practicantes de sacrificios humanos que hayan existido en la historia de América Central, recordaban  “los tiempos de Quetzalcoatl” con una especie de nostalgia.

-Graham Hancock: “The fingerprint of the Gods

Calendario Azteca

Cuando Qetzalcoatl fracasó en su propósito de detener la práctica de los sacrificios humanos, emigró hacia el Este, de donde había venido, en una balsa de pieles de serpientes, prometiendo que un día volvería, en un año determinado de la Cuenta Azteca.

Esto tuvo consecuencias a la llegada de los españoles: cuando llegó Hernán Cortés, con el rostro blanco y barbado, Moctezuma II  lo confundió con el dios, lo que permite entender la terrible confusión de los Aztecas, quienes pronto se habrían de percatar de que esos extranjeros no eran los dioses que ellos esperaban.

El 10 de noviembre de 1519, tres días después de la entrada en la capital, Cortés pidió permiso al emperador Azteca para instalar una capilla en uno de los palacios donde habían sido alojados, permiso que le fue concedido e incluso se le otorgó la ayuda de varios artesanos indígenas.

Los españoles pronto descubrieron en los muros de una de las estancias huellas frescas de argamasa y sospecharon inmediatamente de la existencia de una puerta falsa. Sin ningún escrúpulo por el huésped que tan magníficamente los había alojado, derribaron la puerta. Deslumbrados, se hallaron ante una sala llena de las más ricas telas, de joyas exquisitas, de toda clase de enseres preciosos, de plata y oro, no solamente en objetos maravillosamente labrados, sino también en lingotes.

Estaban ante el tesoro de Moctezuma; mejor dicho, el del padre de Moctezuma, aumentado por las adquisiciones de su hijo.

Penacho de Moctezuma


Cortés demostró gran inteligencia al hacer tapiar la puerta nuevamente., pues no se hacía ilusiones acerca de lo arriesgado de su situación. Pero también comprendió  la significación casi sagrada de la persona del Emperador, y, de que si se apoderaba de él, eliminaba toda actitud hostil por parte de sus súbditos.

Y así, cuando hubo transcurrido un tiempo prudencial, invitó a Moctezuma a trasladarse a su palacio y a unir, por lo tanto la residencia imperial con la suya. Su petición estuvo fundamentada con una mezcla de súplicas y amenazas y Moctezuma, en un momento de debilidad, aceptó.

Cuando Cortés hubo hecho prisionero a Moctezuma II, ya no vio motivo alguno que le impidiera  tocar el tesoro. El infeliz emperador trató de mantener la dignidad manifestando que regalaba todo aquellas riquezas al soberano de Cortés, -su Majestad hispana -prometiendo ser su fiel  vasallo, cosa que no representaba ningún mérito, dada la precariedad de su situación.

Tesoro Azteca

Los españoles trasladaron el tesoro a una de las grandes salas para valorarlo: tuvieron que construir ellos mismos las balanzas y pesas, pues los aztecas, grandes matemáticos, no conocían los sistemas de peso ni el valor total.

Y así,  hallaron que el valor total era de unos 162.000 pesos oro, suma que según cálculos realizados en el siglo XIX equivalía a unos 6:300.000 dólares, cantidad tan fabulosa que es dable suponer que ningún  soberano europeo tenía atesorada tal suma en esa época.

Pieza Azteca


El 30 de junio de 1520, sin haber recobrado su libertad,  murió Moctezuma II,  Emperador de los aztecas

C.W. Ceram:-“Dioses, Tumbas y Sabios”

El Nacimiento de los Aztécas

Hernán Cortés llega a Tenochtitlan

Quetzalcoatl- La luz del gran Sabio

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