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Un calendario es un sistema de medida del tiempo establecido por la sociedad para las necesidades de la vida civil. Por conveniencia, se divide el tiempo en intervalos, como son los días, meses y años. Las divisiones de los calendarios se basan en los movimientos de la Tierra y su consecuencia, que son las apariciones regulares del Sol y la Luna.
El calendario gregoriano es un calendario originario de Europa, actualmente utilizado de manera oficial en todo el mundo. Así denominado por ser su promotor el Papa Gregorio XIII, vino a sustituir en 1582 al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a. C.

El nombre calendario proviene de la palabra griega kalendas. Así llamaban los romanos al primer día de cada mes. Era el día en que anunciaban al pueblo las fiestas, los días de recaudación de impuestos, etc.
El calendario juliano, también llamado romano, es el inmediato predecesor de nuestro calendario actual, pero a lo largo de su historia ha sufrido cambios y reajustes, unas veces por motivos políticos o económicos, y otras para hacer coincidir los meses lunares, de aproximadamente 29,5 días, con las estaciones del año.

Sabemos que el llamado año trópico, el periodo comprendido entre dos primaveras consecutivas, dura 365 días, 6 horas, 11 minutos y 14 segundos, o 365,2422 días, o más exactamente 365,24219 días. El desfase de las 6 horas, se corrige añadiendo un día cada cuatro años: como en cada año sobran 6 horas , en 4 años se acumularán 24 horas o sea 1 día, que será agregado cada cuatro años, en el llamado año bisiesto, en que el mes de febrero en lugar de tener 28 pasará a tener 29 días.
Pero, aún nos restan 11 minutos y 14 segundos: ¿a qué fenómeno natural responden y qué consecuencias ha tenido ese insignificante desfase a lo largo de la historia?
La precesión de los equinoccios y su influencia en el calendario
Nuestra Tierra gira sobre sí misma dando una vuelta cada 24 horas, al tiempo que se traslada alrededor del Sol durante un año, siguiendo una órbita casi circular sobre el Plano de la Eclíptica (se llama así porque cuando la Luna cruza ese plano hay posibilidades de que se produzca un eclipse).
El eje de rotación terrestre está inclinado unos 23,5º sobre este plano, hecho que produce las estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno.

Los cambios de las estaciones se producen respectivamente en el Equinoccio de primavera, el Solsticio de verano, el Equinoccio de otoño y el Solsticio de invierno. En los Equinoccios, el Sol cruza el Plano del Ecuador, dando lugar a que el día y la noche tengan igual duración: equi = igual, noccio = noche. En el Solsticio de verano el Sol alcanza su máxima altura en el cielo; se produce también el día más largo del año. Análogamente, durante el Solsticio de invierno, el Sol alcanza su mínima altura, y se produce el día más corto del año.
Lo que quizá no sea tan conocido, seguramente por tener un efecto inapreciable sobre nuestras cortas vidas, es que nuestra Tierra se balancea como una peonza gigantesca. Este movimiento no tan visible, llamado técnicamente de Precesión de los Equinoccios, es debido a perturbaciones ejercidas por el Sol y la Luna sobre nuestro planeta, al estar éste más abultado en el Ecuador.
Según Roderick Marling “Los pueblos de la Antigüedad, que vivían con una mayor conexión con los fenómenos celestes, descubrieron que al amanecer del Equinoccio de primavera, que para ellos marcaba el inicio del año, el Sol salía en el lugar ocupado por una de las constelaciones del Zodíaco, y ésto se repetía año tras año, con muy pequeñas variaciones.
Como Astrónomos cuidadosos que eran, fueron registrando que cada 70 años, el sol, en ese amanecer tan particular, parecía resbalarse hacia atrás un grado contra el telón de las estrellas y así, el honor de alojar al sol en “su casa” iba cambiando, a lo largo de períodos de 2160 años de una Constelación a otra.
Habían identificado la llamada Precesión de los Equinoccios que es el resultado del movimiento del Sol, acompañado por todos los Planetas, alrededor de una estrella fuera del Sistema Solar, recorrido que le lleva aproximadamente 26.ooo años”
¿Qué consecuencias tiene este fenómeno? El eje terrestre apunta actualmente a la estrella más brillante de la Osa Menor. Esta estrella, conocida ahora como Estrella Polar, nos indica siempre el norte.

Si la observamos pacientemente por la noche, veremos que permanece inmóvil y que el resto de las estrellas giran a su alrededor. Hace 3000 años, cuando se construyeron las grandes pirámides de Egipto, la estrella polar era Duban (de la constelación del Dragón) venerada en aquella época.

Dentro de 8000 años el eje terrestre apuntará cerca de Deneb, la cola del Cisne.
Otra consecuencia de esta precesión, es que de un año al siguiente, el Equinoccio de primavera se retrasa unos 11minutos y 14 segundos. Hiparco de Nicea descubrió este retraso hace más de 2000 años y lo denominó Precesión de los Equinoccios. Si multiplican esos 11 minutos y 14 segundos por 400 años obtendrán un desfase de algo más de 3 días.

Curiosamente, esa es la diferencia que hay entre el Solsticio de invierno y el día de Navidad, o entre el Solsticio de verano y la noche de San Juan. Después volveremos sobre este asunto dando más detalles.
Dos nuevos meses: Januarius y Februarius
El primer calendario romano
El Rey Rómulo funda la ciudad de Roma el 24 de Abril de 753 A.C. Ese año, el 1 a.u.c., abreviatura de ab urbe condita -que significa desde la fundación de la ciudad-, empezaría a contar el primer calendario romano, formado en un principio por sólo 10 meses: 4 meses de 31 días y 6 meses de 30 días, dando un total de 304 días.

El primer día del calendario sería la Luna llena después del Equinoccio de Primavera. El primer mes se llamaba Martius (de 30 días), dedicado al dios de la guerra Marte, el planeta rojo. En este mes se organizaban y preparaban las contiendas que tendrían lugar en el verano.
Los meses de las lunas de Enero y Febrero no se contaban en este primer calendario romano, porque no se realizaba ninguna actividad de interés social o económico. Le sigue Aprilis (de 30 días), mes de la apertura de las flores y Maius (de 31días), mes de la fiesta de la ninfa de la primavera Maia.

Después vendría Junius (de 30 días), mes dedicado a la diosa madre romana Juno, patrona de las cosechas.
A final de este mes se llevaba a cabo el cobro de impuestos. Le seguirían los meses Quintilis (de 31), Sextilis (de 30), September (de 30), October (de 31), November (de 30) y December (de 30).
El segundo rey de Roma, Numa Pompilio, introducirá más tarde el mes Januarius (de 30 días) en honor al dios Jano, y Februarius, mes dedicado a la diosa Februa, la madre de Marte y también a Februus, el antecesor etrusco de Plutón, dios de los infiernos. Mes de purificación por excelencia, los ritos en honor al dios conocidos como febraule podrían ser el origen etimológico del nombre del mes. En este último mes, se realizaban sacrificios y ofrendas a los dioses para curarse en salud por los desagravios cometidos durante el año en una especie de confesión general destinada a no soliviantar la ira de las divinidades patrias.

Se le añadió un día más al mes de enero y se les quitó un día a los demás meses de 30 días. Se piensa que este cambio se produjo porque a los romanos no les gustaban los números pares. Así pues, quedaba un calendario de 12 meses, de 355 días de duración, con meses que, comenzando en marzo tendrían 31, 29, 31, 29, 31,29, 29, 31, 29, 29, 29 y 28 días, respectivamente, con febrero como último mes.
¿Cuándo y por qué se empieza a contar Enero como primer mes del año? Con el comienzo de la República, allá por el 510 A.C., los cónsules (que se renovaban cada dos años) tomaban su cargo el día 15 de Marzo. Pero hacia el 153 A.C., por motivos militares, se empezaron a tomar esos cargos en las calendas de Enero. De esta forma tenían un periodo razonable de adaptación a sus ejércitos.
Pese a este cambio, el recuerdo del sistema anterior se mantiene aún en el orden de los meses: en el hemisferio norte la Prima-Vera (primera estación) tiene lugar en el mes de marzo, que es cuando antiguamente comenzaba el año. Por eso los nombres de los meses de setiembre, octubre, noviembre y diciembre, se refieren respectivamente a los meses séptimo, octavo, noveno y décimo, tomados siempre con referencia al mes de marzo.
Este cambio de inicio del año se produjo únicamente en el sector occidental del imperio, pero no así en el sector oriental.
Con el fin de cuadrar las fases lunares con las estaciones, cada dos años el Pontífice Máximo, directamente inspirado por los dioses (y muchas veces también por su propia conveniencia), intercalaba un mes adicional llamado mercedonius de 27 o 28 días de duración, intercalándolo tras el 23 de Febrero, que era el sexto día previo a las calendas de Marzo, y se olvidaban los 5 días restantes de Febrero. En este mes se concedía la merced de liberar a los esclavos, de ahí su nombre.
La reforma juliana
En el año 46 A.C y tras varias guerras civiles, el desfase del calendario civil con el año trópico era ya de 90 días, de forma que las llamadas floralias, fiesta de la primavera, ¡se celebraban en pleno verano! Por ese motivo, Julio César ordenó a un astrónomo alejandrino llamado Sisógenes corregir esa situación. Inspirándose en el calendario egipcio (de 12 meses de 30 días, con correcciones periódicas), se propuso lo que hoy se conoce como reforma juliana.
Los cambios fueron los siguientes:
Se desvinculó la noción de mes con la de mes lunar. Los meses se mantendrán en 28, 30 y 31 días. Se pretende que las calendas de Marzo de 708 a.u.c pasen al 1 de Enero de 708 a.u.c. De esta forma, el Equinoccio de primavera tendría lugar la noche del 24 al 25 de Marzo, y el Solsticio de invierno la noche del 24 al 25 de Diciembre.
El nuevo calendario se implantó en el año 46 a. C. con el nombre de Julius y mucho después de Juliano, en honor a Julio César. Para corregir los desfases del calendario anterior, únicamente por ese año, se contaron 445 días, en vez de los 365 normales y se le llamó año de la confusión. Para ello, se agregaron dos meses, entre noviembre y diciembre, uno de 33 días y otro de 34, además del mes intercalado en febrero.
Se sumaron 10 días entre todos los meses hasta quedar los de nuestro calendario actual, y se mantuvo Febrero con 28 (o posiblemente con un día más, que más tarde se traspasó al mes de Agosto. Cada 4 años, se añadiría un día, justo donde antes se colocaba el mercedonius, es decir se repetiría el 23 de Febrero, el sexto día previo a las calendas de Marzo. El día repetido es pues el bisexto y de ahí el nombre de año bisiesto.
Los meses de Julius y Augustus
Tras la muerte de Julio Cesar, el año 709 a.u.c (44 A.C.) el senado romano decide llamar Julius al mes Quintilis, en honor a su emperador. Más tarde, en el año 8 A.C., se llamó Augustus al mes Sextilis, para contentar a Octavio Augustus y, cómo no, para no ser menos que su tío abuelo Julio, se le añadió un día más a su mes, quitándoselo a Febrero.

Afortunadamente, el siguiente emperador Tiberio renunció a ese honor y, gracias a ello los meses siguientes no se llaman Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón.
Origen de los días de la semana
En el siglo III D.C. Aureliano introduce, procedente de Oriente, el culto al Sol y se implanta la semana planetaria en el calendario romano, con Dies Solis como día más importante.
Siguiendo el sistema geocéntrico de Tolomeo, el orden natural de los planetas (es decir, de más cercano a más lejano, según se creía entonces), y por consiguiente el de los días de la semana, tendría que haber sido: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno.
Pero en su lugar se adoptó otro orden que se consigue recorriendo las aristas de una estrella de 7 puntas, una por cada planeta dispuestas en el orden anterior.

Aclaración figura: Siguiendo una estrella de 7 puntas, empezando por la Luna, se logra el orden de los días de la semana.
De esta forma, comenzando por el Sol obtendríamos: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Sol
Durante el siglo III d. C. se adaptan las costumbres a la nueva religión en auge, el cristianismo, lo que va a provocar numerosos cambios y adaptaciones del calendario. Por citar alguno, San Pablo identificaría a Jesucristo como el nuevo Sol, cambiando el Día del Sol por Dominus o Día del Señor, que pasó a ser nuestro Domingo actual.

El día de Saturno sería absorbido por la tradición judía y denominado Sabat o Sábado. En otras lenguas germánicas se conservan los nombres de Sunday y Saturday.
El origen de la Navidad
Otro cambio curioso es el que originó la festividad de la Navidad. Pero antes hemos de hablar del dios Mitra y su relación con la Precesión de los Equinoccios.
Mitra fue un dios asociado al Sol, de origen Persa, que fue adoptado en el imperio Romano.

Los Equinoccios constituían una referencia fija que servía para medir las posiciones de las estrellas supuestamente pegadas o fijas en una bóveda celeste de cristal. ¿Qué ser sobrenatural podía mover todo el firmamento de estrellas? Sin duda, tenía que ser un dios poderosísimo. Este poder fue atribuido a Mitra, lo que originó alrededor de él toda una religión monoteísta de carácter científico y elitista.
Mitra fue declarado dios protector de Roma hacia el 62 A.C. De hecho compitió con el cristianismo hasta el siglo IV. Precisamente, la noche del 24 al 25 de diciembre se celebraba el nacimiento de Mitra, justo en la noche en la que tenía lugar el Solsticio de invierno.
Mitra, en su faceta de rey Sol, renace, empieza a levantarse de nuevo. Con el cambio a la nueva religión en auge, en esa noche mágica pasaría a celebrarse el nacimiento del nuevo Dios,Jesucristo.
La primera Navidad
Pero a principios del siglo III, el Solsticio de invierno ocurría el 21 de diciembre (debido a la precesión), aunque se seguía celebrando el 24 de Diciembre; y el Equinoccio de primavera ocurría el 21 de Marzo, y se celebraba el 24 de Marzo.
En el primer Concilio de Nicea, año 325 d.C., convocado por el Emperador Constantino se decreta la supresión de esos 3 días y se declara fecha fija para el Equinoccio de primavera el 21 de Marzo, y para el Solsticio de invierno el 21 de Diciembre, olvidándose de este modo el sentido astronómico que tuviera la Navidad en su origen.

En el siglo VI, Dionisio el Exiguo prepara una cronología de la Iglesia para el papa Juan I, fijándose el año 0, nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre del año 753 a.u.c. El uso de esta cronología sería extendido por Carlomagno a toda la cristiandad occidental hacia el año 800 D.C.

La reforma gregoriana y la Pascua de Resurrección
El desfase continuo con respecto al Año Trópico de los 11 minutos y 14 segundos por año, continuaba acumulándose en el calendario. Esto suponía grandes problemas a los eclesiásticos de la época, a la hora de determinar por ejemplo la Pascua de Resurrección, pues ésta debía celebrarse el primer domingo siguiente a la primera Luna llena después del Equinoccio de primavera
Tenemos que esperar hasta el año 1582, en el que el Papa Gregorio XIII y un grupo de sabios encabezados por el astrónomo Clavius propusieran lo que conocemos como Calendario Gregoriano, nuestro calendario actual.

Se corrigen los 10 días de error acumulados desde el Concilio de Nicea y además se propone que no sean bisiestos los años seculares no divisibles por 400. Es decir, se resuelve que los años 1600, 2000, 2400, etc. sean bisiestos y que el resto, 1700, 1800, 1900, 2100, 2200, 2300, etc. no lo sean.
En los países católicos romanos se adoptó esta reforma, y así, al 4 de octubre de 1582 le siguió el 15 de octubre. Una anécdota curiosa es que Santa Teresa murió el mismo día 4 de octubre y se enterró al día siguiente, el 15 de octubre.

En los países protestantes la reforma no fue adoptada hasta el 1752 y en Rusia hasta el 1917.
El Calendario Gregoriano tiene pues un año medio de 365,2425 días, y es unos 26 segundos más largo que el año trópico de 365,24219 días. Este error producirá un desfase de 1 día cada 3330 años, lo que no es preocupante de momento.
Referencias: -José Luis Rodríguez Blancas. (Profesor de Matemáticas en la Universidad de Almería)
-Roderick Marling “La conexión astronómica”
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